Hoy podemos ver un diente en tres dimensiones, planificar un tratamiento digitalmente o realizar procedimientos que hace apenas unas décadas parecían imposibles. Pero la preocupación por aliviar un dolor de muelas o conservar un diente es muchísimo más antigua que cualquier clínica dental.
De hecho, la historia de la odontología empieza miles de años antes de que existieran dentistas como los conocemos hoy. En ese camino hubo intuiciones sorprendentes, creencias que sobrevivieron durante siglos y descubrimientos que cambiaron por completo nuestra relación con la salud bucodental.
En CIRO, cuya trayectoria comenzó en 1977 y continúa hoy también en La Moraleja, esa evolución se entiende especialmente bien: muchas de las técnicas que hace unas décadas eran extraordinarias forman parte ahora del día a día.
Pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí?
| Resumen rápido: La preocupación por los dientes acompaña al ser humano desde la Prehistoria. Existen evidencias de intervenciones dentales realizadas hace miles de años y uno de los primeros empastes conocidos utilizaba cera de abeja. Durante siglos se creyó que la caries estaba causada por un “gusano dental”; más tarde llegaron la odontología científica, la anestesia, las radiografías, el flúor y, finalmente, la tecnología digital. La gran evolución no ha consistido solo en tratar mejor los dientes, sino en aprender a conservarlos y prevenir la enfermedad. |
Hace miles de años: cuando ya intentábamos salvar los dientes
La odontología comenzó mucho antes de tener nombre. En diferentes yacimientos arqueológicos se han encontrado dientes humanos con signos de haber sido manipulados mediante herramientas primitivas. En el asentamiento neolítico de Mehrgarh, en el actual Pakistán, aparecieron molares perforados hace miles de años con instrumentos de piedra.
No sabemos exactamente cómo vivieron aquellas intervenciones sus pacientes pero demuestran algo importante: el ser humano lleva milenios intentando tratar el dolor y los problemas dentales.
Otro descubrimiento especialmente curioso apareció en Eslovenia. Allí se encontró un diente de aproximadamente 6.500 años de antigüedad cuya fisura había sido cubierta con cera de abeja. Es uno de los ejemplos más antiguos conocidos de un material utilizado sobre un diente dañado.
La técnica está a años luz de una restauración actual, pero la lógica resulta sorprendentemente familiar: existe una zona dañada y se coloca un material para protegerla y, posiblemente, reducir las molestias.
En esencia, la idea de reparar en lugar de limitarse a extraer ya estaba ahí.
El primer dentista de la historia tenía nombre: Hesy-Re
Tenemos que viajar al antiguo Egipto para encontrar una de las primeras personas relacionadas específicamente con el cuidado de los dientes.
Hacia el tercer milenio antes de nuestra era vivió Hesy-Re, un alto funcionario egipcio cuya inscripción funeraria hace referencia a su relación con los médicos y con quienes trataban los dientes. Por ello suele citarse como uno de los primeros profesionales de la odontología de los que conocemos el nombre.
Los egipcios ya utilizaban diferentes preparados para intentar aliviar molestias dentales y trataban algunos problemas de la boca con sustancias como miel, minerales o plantas.
El conocimiento era todavía muy limitado, pero empezaba a aparecer algo fundamental: la especialización.
El gusano dental: una explicación que sobrevivió durante siglos
Durante gran parte de la historia, nadie supo realmente por qué aparecía una caries y una de las explicaciones más extendidas fue también una de las más curiosas: el gusano dental.
En antiguas culturas de Mesopotamia y posteriormente en otras civilizaciones se extendió la idea de que un pequeño gusano podía introducirse en el interior del diente, alimentarse de él y provocar dolor.
Desde nuestra perspectiva puede resultar extraño, pero tenía cierta lógica para quienes desconocían la existencia de microorganismos. El dolor parecía surgir desde el interior del diente y podía aparecer de forma pulsátil e intermitente.
La teoría sobrevivió, con distintas variantes, durante muchísimo tiempo.
Cuando sacarte una muela también era trabajo del barbero
Durante siglos, la odontología estuvo mucho más relacionada con el oficio manual que con la medicina.
En la Europa medieval y durante parte de la Edad Moderna, muchas extracciones dentales eran realizadas por los llamados barberos-cirujanos.
Además de cortar el pelo o afeitar, podían realizar sangrías, curar algunas heridas y extraer dientes. Y si una pieza dental provocaba un dolor insoportable, la solución más habitual era sencilla y bastante radical: quitarla.
Todavía faltaba algo fundamental para llegar a la odontología actual: comprender mejor la enfermedad para poder conservar los dientes en lugar de extraerlos sistemáticamente.
Del siglo XVIII al XX: de extraer dientes a entender cómo conservarlos
El gran cambio comenzó a tomar forma en 1728, cuando el cirujano francés Pierre Fauchard publicó Le Chirurgien Dentiste, una obra que reunió y ordenó conocimientos sobre anatomía dental, enfermedades de los dientes, prótesis y técnicas de tratamiento.
Por eso suele considerarse a Fauchard uno de los padres de la odontología moderna. Su aportación fue más allá de recopilar procedimientos: ayudó a que los problemas dentales empezaran a estudiarse de forma más sistemática y científica. Poco a poco, el diente dejó de verse como algo que simplemente había que extraer cuando dolía para convertirse en una estructura que podía estudiarse, tratarse y conservarse.
El siguiente gran avance transformó por completo la experiencia del paciente: la anestesia. En 1844, el dentista estadounidense Horace Wells comenzó a explorar el uso del óxido nitroso para evitar el dolor durante las extracciones y, poco después, el éter abrió nuevas posibilidades para realizar procedimientos quirúrgicos de una forma hasta entonces impensable.
A finales del siglo XIX llegaría otra revolución: los rayos X. Por primera vez, el profesional podía obtener información sobre aquello que no era visible a simple vista, como las raíces, el hueso, los dientes incluidos o determinadas lesiones.
En apenas dos siglos, la odontología había pasado de depender casi exclusivamente de la destreza manual a apoyarse también en el conocimiento científico, el control del dolor y nuevas herramientas de diagnóstico.
Del tratamiento a la prevención: el gran cambio del siglo XX
Durante buena parte de la historia, se acudía al dentista cuando el problema ya estaba ahí: dolía una pieza, aparecía una infección o el daño era evidente.
Durante el siglo XX empezó a imponerse una idea que hoy resulta fundamental: es mejor evitar la enfermedad que tener que repararla después.
Uno de los hitos de este cambio se produjo en 1945, cuando Grand Rapids, Michigan, comenzó a incorporar de forma controlada flúor a su suministro de agua dentro de un estudio sobre prevención de la caries. La investigación sobre el flúor, junto con la extensión de las pastas dentales fluoradas, la higiene oral y las revisiones periódicas, fue cambiando progresivamente la manera de entender la salud bucodental.
Y a partir de ahí, los avances se aceleraron.
La implantología se transformó gracias al conocimiento sobre la integración del titanio con el hueso; los nuevos materiales permitieron realizar restauraciones más resistentes y naturales; la microscopía aumentó la precisión de determinados tratamientos y la radiología tridimensional permitió conocer con mucho más detalle la anatomía de cada paciente.
Después llegó la digitalización: escáneres intraorales, planificación 3D, cirugía guiada, diseño asistido por ordenador, sistemas láser y nuevas tecnologías de diagnóstico.
Pero la evolución no consiste simplemente en incorporar más tecnología. Tiene sentido cuando nos permite trabajar de forma más precisa, más conservadora y más predecible.
6.500 años después: cambian las herramientas, no tanto el objetivo
En CIRO hemos vivido de cerca una parte de esa evolución. La trayectoria de la marca y de los Doctores Jiménez se remonta a 1977, y esa experiencia continúa hoy también en nuestra nueva sede de La Moraleja, incorporando las posibilidades que ofrece la odontología actual.
En nuestra clínica dental en Alcobendas, la tecnología está al servicio de una idea que la propia historia de la odontología ha ido reforzando con el paso del tiempo: cuanto antes detectamos un problema y más tejido natural podemos preservar, mejor.
Artículo divulgativo elaborado por el equipo de Clínica CIRO La Moraleja. El contenido recoge algunos de los principales hitos arqueológicos, médicos y científicos relacionados con la evolución de la odontología.